color

 Si bien, se acostumbra a observar las estatuas y los templos griegos y romanos de un color blanquecino; con su característico color de mármol pulcro, lo cierto es que la mayoría de estas obras estaban recubiertas con pinturas de múltiples colores, al modo de las esculturas medievales y, en general, de toda obra anterior al Renacimiento.

Durante el Renacimiento los artistas se afanaban en emular esa simpleza estética en su arte, pensando que copiaban la esencia clásica. Pero, durante la investigación hecha por el matrimonio Inzenz Brinkmann y Ulrike Koch-Brinkmann han descubierto científicamente lo que algunos arqueólogos ya sospechaban: las estatuas antiguas estaban copiosamente coloreadas, pero a lo largo de los siglos, fueron perdiendo esos vivos colores.
La motivación para agregar color a las esculturas es que estos ayudaban a dar detalle y profundidad a las obras.

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