AMORÍOS DE FELIPE II
Es indiscutible que, al menos en su juventud, FelipeII fue un hombre apasionado que llevó una intensa vida galante. Si bien el nombre de Isabel de Osorio, parece ocupar todo su universo amoroso entre 1545-1552; la historia parece confirmar de otros lances amorosos, especialmente durante su matrimonio con María Tudor. Durante su estancia londinense, trascendieron sus debilidades con algunas damas de la Reina; solo han quedado dos nombres: Magdalena Dacre y Catalina Lainez; pocas noticias se tienen de ellas, solo que ambas servían como damas de la reina
Felipe II una vez instalado en Bruselas, sus frecuentes correrías nocturnas en compañía de su primo Manuel Filiberto de Saboya; fueron la comidilla de la corte flamenca; pero aún durante esta supuesta vida, tampoco trascendió más nombre que el de Madame d‘Aller. No fue un hombre de contactos puntuales si no que sus relaciones fueron largas y más o menos estables
Viudo de Maria Tudor y de regreso a Madrid, conoció una dama de la corte, joven y se supone muy bella, llamada Eufrasia de Guzmán. No abundan los datos sobre ella; todo indica que Eufrasia quedó en cinta de su relación con el rey y para acallar la maledicencia y dar un futuro a su enamorada, Felipe casó a la dama con Antonio Luis de Leyva, tercer principe de Ascoli; pendenciero y jugador, el noble acepto encantado la propuesta. La relación acabó en el momento que se asentó el matrimonio con Isabel de Valois
Es lamentable que estas mujeres hayan pasado al olvido, ellas podrían hablar de un Felipe íntimo, posiblemente solo ellas conocieron al marido frustrado en dos matrimonios de estados, al hombre deseoso de emular al padre lejano y glorioso. Ellas podrían, en fin, mostrarnos la cara más oculta del que fue en su época el monarca más poderoso
Lo legendario también forma parte del entorno de Felipe. Como la leyenda que vincula al monarca con una hermosa joven, cuya existencia nunca a sido probada y con una casa aún en pie en pleno centro de Madrid, la casa de las Siete Chimeneas
La tradición popular segura que la casa fue contruida por orden de Felipe para su amante Elena Ledesma, hija de un Montero real llamado Pedro Ledesma. Para acallar habladurías el monarca obligó a Elena a casarse con un capitán de los Tercios, llamado Antonio Zapata, de quien tomó el apellido.
Felipe envió al capitán Zapata a Flandes y este falleció en el transcurso de la batalla. Libre de obstáculos, primero por el alejamiento del marido y luego por su fallecimiento el monarca convenientemente disfrazado, visitaba a la joven de noche, así día tras día; hasta una mañana que la joven aparece muerta. Horas más tarde su cadaver desaparece misteriosamente. Felipe abrió el consiguiente proceso, a fin de esclarecer el misterioso caso. Pocos días después se dio por cerrado al aparecer el cuerpo sin vida de Pedro Ledesma. Sin hacer más indagaciones se concluyó que el Montero real, buscando lavar su honor, mató a la joven y después se suicido
La casa se consideró maldita y tal vez por ello en el siglo XVII le añadieron las siete chimeneas, que dan nombre al edificio y que simbolizan los siete pecados capitales
El cadaver de Elena sigue sin aparecer, hasta que en el siglo XX, en el transcurso de unas reformas se encontro en el sótano un esqueleto de mujer y junto a él, un puñado de monedas del siglo XVI. Se trataba de la hermosa Elena Zapata??.
Fue esta amante del Rey?? Nadie lo sabe. Pero como diría un italiano:” se non e vero, e ben trovato”
Fuente:Las mujeres de Felipe II
Autor- María Pilar Queralt Del Hierro
Editorial- edaf
Óleo sobre lienzo-Tiziano-Galería Palatina
Palazzo Pitti-Florencia

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